Carnaval de colores y reencuentro de la fe

 

Caracas,14.02.2026 ( Prensa Mintur).- Una de las festividades más alegres y coloridas del calendario global es el Carnaval. Esta celebración, cuyas raíces se remontan a las milenarias civilizaciones de Egipto y Sumeria, encontró un nuevo propósito bajo la influencia del cristianismo. Al llegar a Latinoamérica, se consolidó como el prólogo necesario a la Cuaresma.

 

 En la actualidad, diversas naciones asombran con producciones monumentales; resaltan el ritmo de Río de Janeiro en Brasil, el folclore de Barranquilla en Colombia y la fastuosidad de Veracruz y Mazatlán en México. Del mismo modo, España cautiva con la elegancia de Santa Cruz de Tenerife y el ingenio satírico de los carnavales de Cádiz.

 

En este contexto de algarabía universal, Venezuela abraza la festividad y reúne a la nación en un ambiente de júbilo. La herencia europea se fusionó con el ingenio y el carisma del espíritu local, mezcla que dio vida a expresiones culturales auténticas. Esta pausa de esparcimiento ocurre justo antes de la Cuaresma y ofrece un respiro de alegría previa al recogimiento. Cada región del país imprime un sello particular a la fiesta, lo cual ratifica la inmensa riqueza y diversidad de la identidad caribeña.

 

Más allá de las comparsas y los trajes llamativos, la historia de esta celebración transitó por diversas etapas. Antiguamente, el protagonismo recayó en juegos populares con agua, polvos y pintura pero durante las décadas de los 50 y 60, la festividad experimentó una transformación hacia un enfoque más estético y organizado. Aquella visión impulsó la creación de carrozas alegóricas, la presentación de grandes orquestas y la elección de reinas. Asimismo, surgieron los emblemáticos "templetes" en parroquias como San Juan, La Pastora y San José, eventos que desde entonces figuran como la fiesta más esperada del calendario nacional.


Tradiciones que abren paso a la Semana Santa

Este despliegue de creatividad establece el escenario ideal para la transición hacia la solemnidad, pues la Iglesia Católica, en su propósito de integrar las tradiciones populares, cristianizó estas celebraciones hacia el año 590 después de Cristo como el preámbulo oficial a la Cuaresma. Así nació el precepto del carnem levare (quitar la carne), la última ocasión para el deleite antes de los 40 días de ayuno que inician el Miércoles de Ceniza, tiempo que conmemora la preparación espiritual de Jesús en el desierto antes de su entrada triunfal a Jerusalén.

 

Por consiguiente, esta transición marca el inicio de una oferta cultural que potencia el turismo religioso en el territorio nacional. La fe se manifiesta a través de costumbres como la procesión del Nazareno de San Pablo, el recorrido por los Siete Templos y la simbólica quema de Judas. Estas tradiciones, junto a una gastronomía estacional que resalta el pescado salado y los dulces criollos, posicionan a Venezuela como un destino de excelencia. El país logra un equilibrio perfecto entre el dinamismo del Carnaval y la paz espiritual de la Semana Mayor.

 

Esta sinergia entre tradición y fe se fortalece gracias a las estrategias impulsadas por el Ministerio del Poder Popular para el Turismo, bajo la dirección de la ministra Daniella Cabello. A través de la consolidación del "Producto Venezuela", el país se proyecta como la opción predilecta para los viajeros, ofreciendo planes que garantizan la seguridad y realzan el ingenio de nuestras comunidades. De esta manera, el país  se posiciona  como un destino, donde la historia, cultura y devoción convergen para brindar una experiencia inolvidable a todos sus visitantes.

Periodista: Cristal Alzolay